Washington es el socio más importante de América Latina, pero Pekín acorta distancias

Zonas económicas especiales en la ASEAN oportunidades para inversores estadounidenses
junio 15, 2020
El comercio se reduce de forma destacada en la primera mitad de 2020
junio 24, 2020
Show all

Washington es el socio más importante de América Latina, pero Pekín acorta distancias

Un panorama económico relevante ha habido detrás de la pandemia de coronavirus. Más allá de la clase trabajadora y de la economía interna de los países afectados, las potencias del mundo se reinventan y así mismo buscan posiciones de poder. Beijing ha presentado una nueva hoja de ruta para sus relaciones con los países de América Latina y el Caribe en un impulso estratégico para expandir su influencia en el continente.

El creciente interés de China en América Latina plantea muchas preguntas en Occidente, especialmente en Estados Unidos, que ha considerado a la región como su patio trasero desde que adoptó la Doctrina Monroe en la década de 1820. Los efectos del coronavirus en la salud y la economía es probable que persistan y continúen debilitando a Occidente algún tiempo más.

Pekín, al volverse el primer inversionista y el segundo socio comercial de Latinoamérica, supo aprovechar el desinterés estratégico de la política exterior de Estados Unidos en su llamado “patio trasero” —por estar concentrado en los conflictos del Medio Oriente y Asia—, para imponerse como su rival con implicaciones geopolíticas en el corto y largo plazo.

Situaciones de incertidumbre económica como la que ahora registra el mundo, son oportunidades que los expertos califican como imperdibles, para que los países asuman nuevos roles en la pirámide de poder. En este contexto, las compañías chinas estarán en condiciones de expandir sus posiciones en las cadenas de suministro mundiales a medida que sus competidores se cierren o quiebren, para comprar activos en sectores activos estratégicos.

El comercio entre China y América Latina y el Caribe se multiplicó 22 veces entre 2000 y 2013, llegando a US $236.5 mil millones en 2015. En 2014, China superó a la Unión Europea para convertirse en el segundo mayor socio comercial de la región después de los Estados Unidos. Al año siguiente, Beijing firmó una serie de acuerdos con países latinoamericanos que prometían duplicar el comercio bilateral a US $500 mil millones y aumentar el stock total de inversión entre ellos de menos de US $100 mil millones a US $250 mil millones en diez años.

Washington sigue siendo el socio más importante de América Latina, pero Pekín acorta distancias y le pisa los talones. En la región, el gigante asiático es ya una fuente imprescindible de inversiones directas. En términos de comercio e inversión, los datos lo dicen todo.

La participación en los últimos 15 años de Estados Unidos en el comercio de América Latina se ha desplomado del 52% al 34% del 2000 al 2015. China ha pasado del 1% al 11% en la región y ya es el primer socio comercial de varios países, notablemente los grandes productores de commodities como Chile y Brasil. Este ya manda a China el 27% de sus exportaciones.

En cuanto a inversión directa, EE. UU. sigue siendo la fuente principal. Pero las inversiones chinas han incrementado en la última década para rebasar los 70.000 millones de dólares del 2011 al 2017, frente a solo 4.400 millones en el primer quinquenio del nuevo siglo. Las inversiones se traducen en millones de empleos para latinoamericanos.

En 1994, cuando el Tratado de Libre Comercio de América del norte fue acordado, el 41% del comercio norteamericano ocurrió dentro de los tres países. Todo iba sobre ruedas, según se había planificado en los primeros años, y el volumen de comercio interno en el nuevo mercado norteamericano creció cinco puntos porcentuales, al 47%. Pero en el 2016 había vuelto a caer hasta el 39%. Y el principal responsable es China, que ya tiene el 11% de las exportaciones a la zona del TLC y, sin barreras trumpistas, irá haciéndose con más.

De ahí se levanta la fortaleza EE. UU. En el nuevo acuerdo, T-MEC, el capítulo 32.10 estipula que ninguno de los tres países puede iniciar negociaciones con países que no sean economías de mercado, una referencia implícita a China. Sin embargo, un considerable número de actividades se pueden realizar sin tener un acuerdo comercial: aeropuertos, puertos, aduanas, acero, textil. En este sentido, México debería tener una relación bilateral con China mucho más importante. Por el momento, el gobierno mexicano ha dado prioridad a cuidar la relación con Washington.

El interés de China por estrechar sus relaciones con países de la región es, además, muy oportuno. EE. UU. no solo da demasiado por supuesta su prevalencia en el hemisferio occidental, sino que, bajo la Administración Trump, ha adoptado un tono cada vez más antagonista hacia sus vecinos del sur. La falta de confianza en Donald Trump en América Latina es generalizada.

Fuente: Pew Research Center

El gobierno chino ha donado insumos médicos a más de 100 países a nivel mundial para ayudar a combatir la propagación del COVID-19. A diferencia de Estados Unidos y Europa Occidental, en donde se ha desatado un intenso debate político acerca de las motivaciones de Beijing para ofrecer ayuda a escala global y a qué intereses responde esa cooperación, para la mayoría de los gobiernos latinoamericanos la denominada diplomacia médica china ha sido bien recibida por las élites políticas.

En Latinoamérica, excluyendo a las naciones que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, todos los países han recibido algún tipo de apoyo proveniente de China. Estas acciones, en particular su posicionamiento frente a la crisis venezolana, serán claves para determinar si en América Latina se mantendrá la imagen positiva con respecto a China o si la opinión pública empujará la balanza en el sentido contrario.

El giro de la nación hacia la diplomacia médica en medio de la pandemia de la COVID-19 es una consecuencia natural de esta relación en ciernes y una victoria para una región que durante demasiado tiempo ha invertido muy poco en su infraestructura sanitaria. Mientras los países del continente americano se enfrentan a la creciente crisis de salud pública, el relativo silencio de Estados Unidos resulta ensordecedor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *